Viento, nubes y cielos en la Patagonia

nubes torres del paine

Una de las características principales de la Patagonia es la presencia de fuertes vientos provenientes de la montaña que van del oeste hacia el este, predominando los componentes oeste, noroeste y suroeste con las mayores frecuencias durante el año. Este fenómeno, de fuertes vientos que ocurre en primavera y verano, también incluye la región de Aysén, que es parte de Patagonia. La razón de lo anterior es debido a que el clima de las regiones de Magallanes y de Aysén está marcado por la presencia de altas presiones, como el anticiclón del Pacífico que oscila desde el Ecuador, lo que implica buen tiempo y temperaturas altas de acuerdo a la latitud. Sin embargo, también tenemos la influencia casi diaria de masas de aire frío de baja presión correspondientes al frente polar originado en el continente antártico y que continuamente se está desplazando a la Patagonia. Este frente de bajas presiones incluye áreas como Punta Arenas y Torres del Paine, expresándose siempre en el mar de Drake, paso obligado desde América del Sur hacia la Antártica.

cielo pampa patagonia

Cuando chocan estas bajas presiones con las altas del anticiclón el producto resultante es el fuerte viento en la región. Esto comienza en primavera y termina en marzo con temporales que pueden durar de dos a cuatro días o incluso una semana. Durante los otros meses, especialmente en invierno, los temporales se presentan con menor frecuencia con una duración que puede tener entre ocho y diez horas a una velocidad que alcanza los 100 kilómetros por hora. En términos de máximas, existen récords históricos de 153 kilómetros por hora, registrados en abril de 1993, cuando en Punta Arenas volaron los techos del gimnasio fiscal y del gimnasio de la Universidad de Magallanes. La zona de los canales es particularmente ventosa, donde el viento se logra filtrar a través las montañas pues éstas no son de gran altura, como sí lo son en la cordillera de los Andes.

cielo patagonia

Por otra parte, en el mundo existen unos 12 tipos de nubes, los cuales están casi todos representados en la región de Magallanes. Aquí vemos nubes a distinta altura, nubes bajas algo espiadas o lisas, o nubes altas como los cirrus, ubicados entre los tres y cinco kilómetros de altura. En el nivel superficial se observan nubes como los stratus, nimbus stratus, cumulus y cumulus nimbus, entre los 0.5 kilómetros hasta los dos kilómetros de altura. La presencia de neblina es atípica en la zona, dándose solo entre uno y tres casos al año, cuando debido a cambios en las temperaturas las nubes no alcanzan a precipitar. Otro particularidad de la región se relaciona con la variedad de colores presente en amaneceres y atardeceres, cuyas tonalidades varían del amarillo al violeta debido a un fenómeno óptico conocido como la dispersión de Rayleigh. Esto ocurre por actividad en la alta atmósfera, entre los 30 y 50 kilómetros de altura, donde partículas de color azul comienzan a descomponerse y a interactuar entre ellas, resultando en un hermoso espectáculo natural.

De Puerto Natales al glaciar Perito Moreno

glaciar perito moreno

Dejamos atrás Puerto Natales con su costanera esculpida mientras los cisnes de cuello negro pastan en el canal Señoret. En la ruta a Cerro Castillo, al pasar por fuera del Hotel Posada Tres Pasos, recordamos a la poetisa Gabriel Mistral, cuya estadía en el lugar le sirvió de inspiración para escribir el libro Desolación, una de las obras que contribuyó a hacerla ganadora del Premio Nobel de Literatura en 1945. Hacemos un alto en Cerro Castillo para comprar pesos argentinos antes de cruzar la frontera por el paso Río Don Guillermo. No hay mucha gente, por lo que el trámite resulta rápido hasta llegar a Cancha Carrera, la frontera argentina, donde un bus nos alarga un poco la espera.

glaciar perito moreno
Guanacos en la pampa patagónica (Fotografía de Rosario Burgos)

Continuamos por la pampa disfrutando la amplitud del paisaje. Un par de veces nos detenemos a tomar fotos de guanacos y caballos que aparecen aquí y allá. Admiramos la cantidad de autos chilenos y el gran número de ciclistas que pedalean con voluntad. Pasadas algunas horas de nuestra partida llegamos al mirador Julio Heredia (El “monito”). Allí apreciamos a lo lejos el lago Argentino y todo el esplendor de la inmensidad austral. Sabemos que El Calafate está próximo. Finalmente entramos al poblado, un vergel cultivado por la mano del hombre blanco que estos territorios lejanos vino a habitar.

Salimos de El Calafate para recorrer los 80 kilómetros que nos llevarán al Parque Nacional Los Glaciares, nuestro destino final. Esta área protegida fue declarada Patrimonio Mundial por la Unesco y tiene una superficie de 726.927 hectáreas, casi la mitad se encuentra cubierta de hielo por glaciares como el Viedma, el Upsala, el Spegazzini, el Ameghino y el Perito Moreno. Para visitar este último aún nos quedan algunos kilómetros desde la portería, un camino poblado de Nothofagus y curvas que exigen baja velocidad. En el trayecto vislumbramos el glaciar y nuestra emoción aumenta al llegar al sector de las pasarelas, un entramado de larga extensión que permite apreciar el Perito Moreno desde distintos ángulos. No hay fotografía que pueda recrear la visión de estar allí. Este verdadero imperio de hielo tiene una superficie de 254 kilómetros cuadrados, siendo un poco más grande que la ciudad de Buenos Aires. El frente del glaciar tiene unos 70 metros de alto, y en la parte central se mueve unos dos metros por día, es decir, más de 700 metros al año.

Glaciar Perito Moreno
Glaciar Perito Moreno

Después de permanecer unas dos horas en el parque retomamos el camino a El Calafate, donde cargamos combustible. En la ruta 40 nuevamente vemos ciclistas, guanacos y un par de santuarios con banderas y cintas rojas en recuerdo al Gauchito Gil, una figura argentina objeto de devoción popular. No hay gente esperando en la frontera. La noche aún no es noche, así es que sacamos una vez más nuestras cámaras antes de terminar el día en Puerto Natales cenando un curanto ejemplar.

Los pingüinos de Isla Magdalena: biodiversidad en el estrecho de Magallanes

Uno de los paseos imperdibles al visitar Punta Arenas es conocer isla Magdalena y su colonia reproductiva de pingüinos de Magallanes (Spheniscus magellanicus). La isla Magdalena (85 hectáreas) junto a la isla Marta (12 hectáreas) constituyen el Monumento Natural Los Pingüinos, creado en 1966. Para acceder a la primera de ellas es necesario tomar un ferry en Tres Puentes y navegar por dos horas el estrecho de Magallanes. Recorrer este canal interoceánico permite remontarnos en el tiempo y viajar siguiendo la estela de los antiguos exploradores, empezando por los nativos kawésqar y continuando con las expediciones europeas desde Hernando de Magallanes en adelante, con personajes como Francis Drake, Pedro Sarmiento de Gamboa, Oliver Van Noort y Fitz Roy.

Durante la navegación existe la posibilidad de observar lobos marinos, toninas overas, delfines australes, petreles gigantes antárticos y albatros de ceja negra. Al llegar a la isla se inicia el recorrido siguiendo un sendero que va subiendo una suave pendiente hasta al faro, inaugurado en 1902. El faro fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1976 y actualmente contiene una exhibición sobre la historia y la fauna del lugar. Isla Magdalena era particularmente famosa a fines del siglo XVI entre los marinos ingleses y holandeses, quienes recolectaban huevos y cazaban pingüinos y otras aves para abastecerse de alimentos y complementar su magra dieta a bordo.

En la temporada es posible encontrar numerosos pingüinos a lo largo del sendero. Los primeros en llegar a la colonia lo hacen a fines de agosto, a mediados de septiembre arriban las hembras y con la formación de parejas se inicia un período de febril actividad reproductiva. Los huevos (generalmente dos) son incubados por un período que fluctúa entre los 39 y 42 días. Los pichones nacen recubiertos de un plumón negro en el dorso y gris oscuro en el pecho y vientre. En diciembre comienzan el cambio de plumón por el plumaje juvenil que es de color gris, y al finalizar la muda ingresan al mar. Luego prosigue la muda de plumaje de los adultos, los que pasan un largo período de ayuno hasta que se retiran al mar a fines de marzo.

En agosto llegan los primeros pingüinos a Isla Magdalena

Aquí también se encuentran aves como el cormorán de las rocas, que construye sus nidos en las oquedades de las paredes de los roqueríos. Otros cormoranes que nidifican en la isla son el cormorán imperial y el yeco, de hábitos similares al cormorán de las rocas. La gaviota dominicana, en cambio, prefiere construir sus nidos en terrenos relativamente planos. Esta especie de gaviota brinda grandes cuidados a sus huevos y crías, principalmente de los predadores aéreos como el skúa, también presente en Magdalena.

Pingüino en su madriguera

Aún cuando la cantidad de pingüinos en Magdalena es altísima, la población ha descendido en el último tiempo por causas que están en estudio. Una teoría plantea que las fuentes de alimento se han desplazado, por lo que los pingüinos han cambiado también sus rutas de migración y nidificación. De cualquier manera, la conjunción de vida sobre la isla es sorprendente, un espectáculo muy difícil de olvidar.

El faro, inaugurado en 1902

Los cóndores de Magallanes, un sitio excepcional para los amantes de las aves

Grande, majestuoso y longevo es el cóndor (Vultur gryphus), el ave nacional de Chile. Esta especie, inconfundiblemente americana y cuya envergadura alar supera los 3 m, es fácilmente observable en cerro Palomares, ubicado a 75 km de Punta Arenas. Allí se encuentra el posadero más importante de cóndores al sur de América continental, donde al mismo tiempo se han llegado a contabilizar más de 100 de estas aves posadas al atardecer y hasta 150 individuos posados y en vuelo. La media poblacional del año está estimada entre 40 y 50 cóndores que van a descansar al lugar.

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